Las ironías de la vida

En esos momentos en los que resuelves enredar tu mundo con pensamientos que vienen a ti en medio de la paz que puede traerte una taza de café, así me encuentro, con mis adentros. Ideas que vienen a revolucionar mi mundo y salen como torbellino a cambiar todo lo que me rodea. Es ese momento en el tiempo en que ves con claridad, que aquello que aparentaba ser no es y lo que es, se desvanece.

Contradicciones que aparecen, retando tus convicciones y dándote cuenta que lo único constante es el cambio. Y es así como lo que mas sentido tiene es lo absurdo y es ahí cuando descubres, que no existe el uno sin el otro, que simplemente se coexiste.

Que el amor y el odio se toman de la mano en medio de la indiferencia. Que la salud y la enfermedad se abrazan en recetas que alimentan toda una industria. Que la pobreza y la riqueza de ayudan en medio de una economía que oculta los verdaderos intereses. Que la educación y el analfabetismo caminan juntos. Porque hay quien no tiene escolaridad y es mas educado que aquellos que llevan sus diplomas en la frente.

Quien tendrá el reconocimiento no será el que más trabaja o más conocedor… ahora le llaman eficiencia al que es más allegado. Tu salario fijo es menor al mínimo cuando lo analizas entre las horas y hay quien se queja de su salario por hora por ver tu salario. Y al final, en las luchas pequeñas olvidamos los riesgos. Porque todo tiene un costo oculto lo veas o no.

Ahorras dinero al elegir un almuerzo de $3.99 versus la ensalada de $10.00 y al final pagaste el precio oculto de las letras pequeñas. Esas letras pequeñas que aparecen en todo en la vida. Esos costos ocultos que hoy te hacen pagar el precio de tus decisiones. Y es la ironía, que aquellos que callan son los mas que tienen que decir y aquellos que alzan la voz lo hacen sin contenido.

En la calma del café encontré un torbellino… ideas de todo lo que estuvo escondido enfrente de mí. Intentando mirar hacia adentro me encontré de frente. ¿Porque viéndote al espejo no fue suficiente? Vivimos buscando lo que nos falta sin disfrutar lo que tenemos y cuando perdemos lo que tenemos, nos damos cuenta que era lo que necesitábamos. Son las cosas sencillas que nos regala la vida, es la familia y los nuestros quienes son nuestra ancla.

Conozco un sabio disfrazado de abuelo que en sus silencios derrocha sabiduría… él descubrió en su familia y su espacio su remanso de paz. Algunos le ven y le piensan descansando, eso es una ironía, él está trabajando. Su mente no para de pensar en los suyos, en una calma que oculta su verdadera inquietud. Aprendió con los años a ser sosegado, aprendió con los años que el precio más alto es el tiempo que no se detiene y cuando se detiene, no ha de reiniciar.  

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