Entradas triunfales

Lo he decidido y lo voy a lograr… recordaré esas entradas triunfales que aparentan ser vergüenzas épicas y que disfrazamos con carcajadas. Y créanme que, si hay alguien experta en entradas triunfales, esa soy yo. Y, sin embargo, agarrada del lema, lo importante no es caerse es levantarse, como si fuera de goma y experta en rebotes, me levanto y camino con un temple que ni quien diría.

A veces, muchas veces le he echado la culpa a los zapatos, al piso o a la prisa… y he llegado a concluir que es parte de un sello personal. Ya saben vivir intensamente… si fuera más alta podría decir que es como lanzarme sin paracaídas por la adrenalina de los segundos intentando ver de dónde me puedo agarrar o cual es la mejor manera de caer para minimizar el daño… aunque a veces el daño está en el ego. Porque a veces las caídas ocurren en el momento menos oportuno.

Así que estoy llegando a un hotel de lujo para unas merecidas vacaciones. El “concierge” abre la puerta del taxi para asistirme a bajar del auto. Salgo del auto con mis gafas de sol y la cámara que iba documentando cada momento especial… y en ese momento, documenté el muro el cual no vi al dar un paso atrás y me hizo caer sentada en la acera con mochila y todo. El pobre hombre corrió espantado a rescatarme y mi esposo asustado al verme desaparecer desde el otro lado, corrió a mi rescate como en tantas ocasiones.

Cuando estas acompañado la recuperación es más rápida, más cuando estas sólo, la autocompasión te hace una mala pasada y comienzas a buscar la mejor manera de levantarte. Sobre todo, cuando el incidente involucra un resbalón en piso mojado. En esos casos, es complicado, porque te deslizas, piensas que saldrás bien librado y de repente, zasss, caíste como diría mi abuela, como una guanábana. Y una vez en el piso mojado, intentar levantarte es como participar en un programa de retos, te agarras por aquí, te deslizas por allá. Y al final, sólo nos queda reírnos.

Reírnos porque a pesar del dolor o la vergüenza de la caída frente a otros, podemos saber que hoy estamos en el suelo, pero ese no es nuestro lugar ni el destino final. Te puedes tropezar, te puedes caer, y, sin embargo, debes saber, que siempre te levantarás y que a pesar de todo, saldrás feliz y bien librado. Porque esta circunstancia es temporal y pasará. Porque no estás sólo.

Ningún elemento externo detendrá nuestro caminar. El paso será lento pero firme. Seremos más cuidadosos y estaremos más alertas. Aquello que nos hizo caer ya lo tenemos identificado. Así que sólo nos queda caminar y estar conscientes. Es posible que nos volvamos a caer, y, sin embargo, habremos aprendido a que será en otras circunstancias y esta vez, ya sabemos que es sólo un instante, un obstáculo momentáneo. El único que puede detenerte, eres tu mismo, así que mientras tengas la visión en tu camino, en tu meta, podrás caer, pero nunca detenerte. ¡Levántate y prosigue!

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