El sillón de la abuela

En una esquina estratégica estaba localizado el sillón de la abuela. Era de madera y pajilla. Evocaba otra época y aunque los alrededores cambiaban, el sillón siempre se mantenía, aunque tuviese que ser restaurado. Resistió a las distintas generaciones y fue testigo fiel de los estados de cada cual.

En ese sillón se calmaron llantos y desilusiones, se arrullaron los niños en medio de canciones, algunas conocidas y otras improvisadas. Más de una vez, la sorprendí cantando lo que eran indirectas para que se durmiesen los más chicos. Dependiendo del ritmo en el que se mecía podíamos saber si estaba enojada o estaba en una misión investigativa. Si estaba contenta o pensativa.

De pequeña, podía sentarme a sus pies mientras ella se mecía y me narraba cuentos e historias de su niñez. Me hablaba de su papá y de tiempos que eran distintos. Me hablaba de lo que fue su vida, del huracán San Felipe, sus hermanos, entre otras tantas historias que con el pasar del tiempo recuerdo con nostalgia y otras que he olvidado porque era muy pequeña. Cuanto quisiera haberle hecho mas preguntas y haber tenido más tiempo para disfrutar con ella en el sillón. No era el mueble más elegante pero sí era el más fantástico.

Hoy, en algunas casas podrás encontrar un sillón de madera. Y cuando los veo, debo admitir que mi corazón se alegra. Son los recuerdos, los momentos y la nostalgia. Es saber que en ese lugar el tiempo se detuvo y encapsulaste recuerdos que se mecen en unas notas que sólo tu podrás entonar. Quizá en tu caso, no fue un sillón de madera y, sin embargo, habrá un lugar especial en el que fuiste arrullado y en el que aun acudes cerrando tus ojos cuando la vida se hace real.

Esos momentos en los que respiras profundo y te das cuenta lo importante que fueron aquellos momentos. Cuando descubres, que fueron esos momentos, los que a veces te inspiran porque puedes ver a través de sus ojos todo lo que ellos veían por ti. Porque desde el sillón de la abuela todo era distinto y a la vez, tan igual. Había magia y se llamaba amor.

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