En la profundidad del mar

Mientras intento entender el mundo, mi mundo me golpea de repente y descubro que a veces dedico más tiempo a ti que a mí. Y es en ese mirar profundo, que he querido trazar el rumbo de caminos que nunca experimenté o fueron distintos.  Percepciones e ideas que son parte de mi realidad.

Se nos hace fácil dirigir los rumbos cuando estamos a salvo de la tormenta… En puerto seguro, con los pies secos y en tranquilidad, todo se puede ver despejado y sencillo. Sin embargo, es sólo el capitán de la barca, el único que sabe como burlar los vientos o tal vez, sólo recibir el golpe por el costado que se encuentre menos azotado.  

Y es que a veces, ver la tormenta en otros mundos es más fácil que adentrarse en la profundidad del mar… de nuestro mar. Se dice que el mar cubre el 70% del planeta y sólo un 5% ha sido explorado. Hay tanto por conocer y, sin embargo, decidimos invertir en explorar otros planetas ajenos al nuestro. No es coincidencia que esto ocurra, tanto en la ciencia como en el ser, es más fácil mirar hacia fuera que resolver lo que tenemos dentro.

Resolver lo que tenemos dentro requiere una inversión para la cual no necesariamente verás cambios tangibles. Es en lo secreto que comienza a darse los cambios que con el tiempo pudieran hacerse evidentes.

Al adentrarte en la profundidad del mar puede ser que sientas los golpes y la marea fuerte. Es posible que, por instinto, busques protegerte y salir de esta travesía dentro de tu ser. Y, sin embargo, te invito a que continúes la marcha y retes al viento que susurra detente.

Hace unos años atrás, decidí tomar un curso de buceo con la idea de conocer y experimentar el mar desde otro mirar. Debo admitir que fue mucho más difícil de lo que imaginé. Porque puedes tener todos los equipos, el mejor instructor, un compañero que estará para apoyarte si estas en crisis y, sin embargo, tu mente y tus emociones dictaminaran lo que sucederá.

En la superficie hacia la inmersión, es posible que la embarcación se este moviendo de forma agitada, las emociones afloran y quieras evitar exponerte, pues te espera algo que no has experimentado. Una sensación de nervios y agitación. Estas saliendo de un territorio conocido para adentrarte a una parte desconocida llena de nuevos riesgos.

De repente, te encontraste en el agua… estando ahí tienes dos opciones, comenzar a descender o salir. El descenso, depende de la compensación de cada cual, no obstante, una vez lo logres, encontrarás que todo es distinto… temperatura, tu visión, los sonidos… un silencio que se interrumpe por burbujas, tu respiración o por los latidos de tu corazón. Todo depende del estado interno en el que te encuentres.

Estando allí, encontrarás calma… porque en la profundidad controlar la respiración, tu mente y emociones son necesarias para poder explorar y experimentar lo que eres. Silenciar el entorno y acallar las voces que internamente están deteniendo la exploración. Comienzas a enfocarte tanto en lo que estas viviendo que poco a poco todo se vuelve silencio. Prosigue a la profundidad de tu ser, sin mirar hacia al lado, sin mirar al otro, enfocado en esa calma que nace del interior.

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