Lo que el Donkey Trail dejó…

Nunca he ido a Las Vegas así que para mí, la frase es : “lo que paso en Santorini, quedó en Santorini”. Y que les puedo decir, hay muchas cosas que no necesariamente quedaron en Santorini porque simplemente, me fue difícil salir descalza. Sin embargo, este ha sido uno de los destinos en donde sin lugar a dudas regresaré y me quedaré unos días para poder disfrutar con más tiempo.

Nuestra aventura en este hermoso lugar inicio en la espera para desabordar el barco crucero en el que nos encontrábamos. Una espera que desespera porque sabes que estas cerca y aún no has podido iniciar ese recorrido que te trazaste en tu mente. Y aunque tienes la cámara en mano no es mucho lo que puedes hacer. Pasas del crucero a otro barco trasporte que te llevará al puerto en donde iniciaras un tour.

Y comienzas a tomar fotos tipo documental de la trayectoria en ese barco que te acerca poco a poco al destino hasta que te das cuenta que los estabilizadores de esta embarcación son distintos y decides enfocarte en un punto fijo. Mientras empiezas a dialogar contigo para convencerte que todo el sudor en tus manos es mental pues estás en aire acondicionado. En ese momento decides, que las fotos que habías tomado eran como una secuencia de acercamiento. Entonces, decides que mejor te quedas meditando como evitar el papelazo que harás desencadenando un efecto domino si no logras controlar tus sentidos que se exacerban, mientras el tiempo transcurre mas lento de lo que necesitas para que tus pies toquen tierra firme.

Al fin llegas y la emoción es doble. Es quizá la foto mas alegré que te han sacado los fotógrafos del barco y ellos interpretan tu sonrisa “Wednesday Adams” como una invitación. Ellos comienzan a tomarte fotos a diestra y siniestra como si fueras artista perseguida por paparazzis, mientras tu mirada busca el cartel del grupo que tiene tu número para saber en que bus te toca para no perderte el tour. Finalmente, llegaste y te montaste en el transporte para luego caer en cuenta que de los movimientos del mar caíste en una carretera de curvas comenzando a cuestionar tus elecciones en el desayuno.

Afortunadamente, llegamos y comenzó un recorrido en un museo para explicarnos el origen de este hermoso archipiélago compuesto por islas volcánicas, su historia, economía, agricultura, su gente y tradición. De ahí, nos llevaron a ver su belleza, por un recorrido por varios lugares para que pudiésemos descubrir un poco de sus puntos más importantes. Así que fuimos de Fira a Oia. En el trayecto vimos distintos lugares y, sin embargo, para mí Oia siempre será el más recordado.

 Al final, el cierre del tour era un almuerzo en un restaurante con una vista espectacular. Era una escena mágica que capturaba una vista como la que te muestran en las postales. Estábamos sorprendidos de la belleza del paisaje y lo mucho que estábamos disfrutando. Identificamos nuestro crucero a la distancia y decidimos movilizarnos para ver si nos daba tiempo a comprar unos recordatorios. Aun nos quedaba hacer la fila para el “cable cart” y el director del crucero había repetido mil veces que no tomáramos el Donkey Trail, así que aun que lo vimos, no nos queríamos arriesgar.

Realmente, también ya estábamos un poco cansados pues, aunque los escalones tenían números la realidad es que muchas veces nos encontrábamos en los mismos números viendo curiosamente la misma gente que se movía en fila. Ahí descubrimos que todas esas personas estaban haciendo la fila para tomar el “cable cart”. Personas que ya estaban un poco agresivas porque llevaban horas en fila y mientras pasabas por su lado te gritaban la fila está atrás. Como si por preguntar, estuvieras queriendo posicionarte antes que ellos. La verdad es que a veces, las personas ante el stress asumen unas actitudes que tienen tantas áreas de oportunidad y lo más incomprensible es que olvidan que están de vacaciones en un lugar hermoso precisamente para disfrutar libres de stress.

De todas formas, no nos enfocamos en eso, por temas de tiempo y viendo los miles de personas en la fila tomamos una decisión que todavía hoy día me cuesta afrontar… porque es ejemplo vivo de la vida es una tómbola. Hoy estas arriba y luego estás… en el “Donkey Trail”.

Que les puedo decir del “Donkey Trail”… primero que nada como dice el nombre, está lleno de burros. Animalitos que usan para cargar a los turistas y sus equipajes del punto del puerto hasta arriba. Mi corazón no me permitía montarlos por muchas razones, así que hicimos el camino a pie. Mientras veíamos en el trayecto muchos animalitos cansados, sedientes y cargados, con un olor bien particular que me causaba un efecto terrible en mi sentido de olfato. Durante la travesía, varias veces ese sentido me hizo querer abortar la misión, pero recordaba la fila y el barco que podía dejarme, así que olvidaba lo anterior y seguía el paso.

Esquivando como podía los desechos y la proximidad a los burros, mientras hacía malabares para no caer en lo que hubiese sido para mí algo terrible. Porque, aunque las “washy washy” del barco me llenaran de “hand sanitizer” no sería suficiente…

A mitad del trayecto, ya había perdido el olfato, pero aún tenía la dignidad de no haber caído como vi otros valientes caer. Ellos merecían un reconocimiento porque cuando caían, todos lo sufríamos y no sabíamos como rescatarlos, porque era una escena demasiado dolorosa en los egos de todos. El tocar el piso para levantarte y el resbalar aún más en el suelo con la gravedad en contra, las huellas en la ropa… era simplemente, devastador para los espectadores que gritabamos a coro: “NOOOOO”. Un grito que mostraba el miedo y solidaridad porque pudimos haber sido nosotros.

En el camino adoptamos a los que se convertirían en nuestros abuelos por el resto del viaje. Una pareja de adultos mayores, que decidieron hacer la travesía. Entre bromas y la preocupación de que ninguno cayéramos al suelo, logramos llegar sanos al puerto para abordar el barco que nos llevaría al crucero. Pienso que merecíamos un certificado por haber logrado completar sin caídas el trayecto… Ufff.

Ese día no logramos llegar al restaurante…. Cada uno estuvo casi hora y media, intentando dejar atrás los recuerdos del Donkey Trail. Solo podíamos mirarnos y reírnos de nuestra aventura y las cosas que pueden pasar.

Y, sin embargo, les recomiendo que si van le echen una ojeada… en el primer minuto entenderán de lo que trata. Y si quieren evitarse el tema, busquen un video en internet. No hay palabras que describan esos momentos… y aun así regresaré, pero en esta ocasión, haré el recorrido de regreso en el “cable cart”.

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