Las mejores novelas…

Lo he decidido y lo voy a lograr. Superaré las novelas de mi infancia y aceptaré que todos somos actores en esta gran obra llamada vida.

Les cuento que fui la más pequeña de todos los nietos. Así que aun cuando mi abuelita nos cuidó a todos, la más que disfruto de su compañía fui yo. Me tocó una abuela mayor, pero distinta. Porque, la relación que tuve con ella, puedo asegurar que no la tuvo con ningún otro nieto.

Me toco la abuela idealista y liberal.  Mientras todos los nietos estaban en la escuela, yo me sentaba a su lado a analizar el mundo visto desde las novelas. Buscábamos la justicia y la igualdad. Creábamos una historia de cómo debería ser el final y les confieso, que a veces era un final mucho mejor que el de la misma novela.

Todavía recuerdo, como nos enojábamos cuando la protagonista se tragaba todos los cuentos de la mala de la historia. Cuando la Señora de la historia se hacía la enferma y fingía un desmayo para manipular al manganzón de su hijo que no luchaba por su amada para evitar el colapso de su madre.

Ay, pero como celebrábamos cuando los “malos” eran castigados, aunque fuese en el último capítulo… Sin embargo, eran esos mismos “malos” los que tenían las tácticas más inverosímiles y los que hacían que la historia fuese un éxito. Porque ni eran tan malos ni los protagonistas eran tan buenos. Eran simplemente, gente….

Pero, hablando de las tácticas, la más criticada por mi eran los desmayos fingidos… ¿Quién se desmaya en queue? ¡Por favor! Pero, saben… la vida se encarga de darnos una lección para que dejemos los juicios. A veces, nos lleva de a poquito y otras, nos catapulta a papeles tipo Oscar. Y déjenme decirles, que si de hacer papelazos se trata yo soy merecedora del Oscar… o al menos una mención honorifica. He tenido varios eventos… pero el más reciente, era digno de novela en horario estelar.

Estaba en la sala de espera del hospital desde horas tempranas de la mañana. Mi mamá estaba siendo operada y no quería moverme, pues aún no había sido notificada que la operación había concluido. Ya era cerca de la 1 de la tarde y mi esposo me insto a que me comprara algo de almorzar para que no me fuese a dar un bajón de azúcar o algo. Así que me fui a comprar y a mi regreso no lo pude comer, pues me avisaron que mami estaba en su habitación

Estamos en medio del “high” de la pandemia de COVID…. Así que estoy con la mascarilla, el “face shield”, bultos con frisas, abrigos, alcohol y claro esta… el almuerzo que había comprado. Llego a la habitación y veo a mi mamá toda vulnerable en la cama con un drenaje en el cuello, la cara hinchada, una bata de papel y en eso entra una enfermera y me dice:” puedes dejar las cosas aquí, pero no te puedes quedar por el protocolo del COVID”. Entonces, como si el Universo hubiese gritado: ¡ACCION! Me agarré el pecho y le dije:” pero, es que yo me quedaré esta noche para cuidarla, ella no puede quedarse sola. Teníamos autorización.”

“La entiendo, pero es el protocolo establecido del COVID.” Me respondió la enfermera.

Agarrándome el pecho y con lágrimas en los ojos (al estilo Victoria Ruffo), me recosté de la mesa y dije: “no me siento bien. Estoy un poco mareada”.

Ella me miró y se percató que algo no estaba bien. No sé si fue los ojos virados, la cara pálida o que ella también era fanática de Victoria… pero, me instó a sentarme en lo que iba por ayuda. Pero, la gordita que vive en mí, pensó que era un bajón de azúcar, así que camine hacia mi sándwich como se corre en las escenas de los “love stories” de los recién casados y le di un mordisco al sándwich…. No me pregunten como, pero segundos después, estaba en el piso… pero, masticando mi bocado. En eso entraron 3 enfermeros y uno de ellos dice: Ay Dios mío se cayó, ¿está bien?

Estoy bien fastidiada si este es el que me viene a rescatar. ¿Cómo que si estoy bien? La verdad, es que algo pasa cuando estas en estos eventos, que tú crees que estás hablando pero la gente escucha: ”WAWAWAWA” .

Yo no podía levantarme, ni ellos podían hacer mucho. Caí entre la cama de mami y una mesa de comer. El espacio era reducido. Mami no se podía mover y aún estaba bajo los efectos de la anestesia… pero, la escuchaba decir. “¿Estas bien?”. Si, estoy bien. Le respondí. Aunque en mis adentros pensaba… del árbol caído todo el mundo hace leña. Me acabo de dar senda matada en el piso y me siguen preguntando si estoy bien.

En fin, me levantaron… me tomaron vitales, me hicieron análisis de sangre y todo estaba bien. No sé si fue por la conmoción o que ocurrió, pero me pude quedar con mami.

De ahí en adelante comprendí, que, en las novelas, la mala no era tan mala y quizá los desmayos no eran tan fingidos. Porque cuando se trata de la gente que amas, es algo más fuerte que tú y en ocasiones, por protegerlos, tu cuerpo conspira con el universo y das tu mejor actuación.

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