Necesito un buen café

Su aroma fragante despierta sentidos y recuerdos vividos. Los encuentros breves o las sobremesas que se extienden a la sala para cerrar una buena cena. Los despertares agotados que requieren una doble porción y las trasnochadas en pro de la educación.

En todas mis etapas el café ha dicho presente, como un buen amigo me ha apoyado de forma silente. Cómplice de sueños, historias y distintos eventos que han marcado mi caminar.

Confieso, que desde muy temprana edad lo tomaba en biberones. No me juzguen mal, era otra generación. Era una porción pequeña con un sabor suave matizado con dulzura que me fue enamorando. Sin darme cuenta fuí creciendo y descubriendo que el café es la puerta a grandes eventos pues dice presente en todos los hogares sin importar circunstancias.

Te invito un café, en ocasiones, es la gran apertura, a un tenemos que hablar y todo puede cambiar mientras lo tomas. Puedes cambiar perspectivas, relaciones e inclusive el rumbo que darás después de una buena charla. Porque el café es ese acompañante perfecto para hacer breve una cita o alargar encuentros.

Todos tenemos nuestra preferencia, claritos, oscuro, mitad-mitad, cortaditos, puya… y todas las variantes que sus acompañantes le puedan dar. Porque cuando se trata de paladar cada quien tiene su gusto y, sin embargo, para mí no hay nada mejor como un café preparado en la estufa y luego filtrado por un colador o preparado en la greca.  

Es el proceso, el que puede delatar la relación que llevamos con él. Relación de pareja, amigos o simplemente conocidos. Hay quien lo compra en grano y lo muelen para vivirse el proceso más otros compran la harina según su preferencia o sabor. Nadie puede negar la relación, simplemente cada cual tiene su propia interpretación y según la persona con quien lo compartirás, será el tipo de café y la presentación que ofrecerás al convidar el mismo.

No hay nada que no acompañaría con un café… aunque con el pasar de los años no podré dormir si lo tomo después de las tres. Sin embargo, admito, que a veces vale la pena darse una trasnochada, solo si se trata de una buena charla bien acompañada.

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