La lluvia

Debo admitir que se me hizo complicado levantarme. El entorno estaba mas frio de lo usual y causaba una pesadez extrema en mí. Abrazaba la almohada mientras me acurrucaba como una pequeña en el vientre y escuchaba el sonido del agua al caer.

Ya el despertador había anunciado el desenlace y no me quedaba mas remedio que aceptar la realidad. Entre dormida y despierta comencé la rutina. Mirarme al espejo y sonreír mientras me digo: ¡Buenos días! Saludando a mi ser con amistad y apertura. Quien mejor que yo para abrazarme en amor como punto de lanza para iniciar mi día.

Caminé a la cocina como es habitual y tomé las vitaminas mientras colaba el café. Su aroma invadió cada rincón de la casa y me hizo cerrar los ojos mientras inhalaba su olor. Al abrir nuevamente los ojos, miré a través de la ventana y vi la lluvia caer como en una danza sincronizada.

El cielo estaba oscuro, aunque ya era de día, el sol también se acurrucaba entre las nubes frías como hacía unos minutos estaba yo entre las cobijas. No puedo explicar porque me invadió la nostalgia, usualmente sucede con los días de lluvia. Así que sostuve mi taza de café para calentar mis manos, mientras mis pensamientos divagaban por recuerdos lejanos.

Me remonte a mi infancia y a momentos cercanos, cuando la lluvia caía y nos mojábamos. Antes, nos lanzábamos a correr libremente mientras nos empapábamos y ahora huimos para cubrirnos por completo. Éramos tan libres bajo la lluvia fría y mirábamos al cielo con un alma entusiasta. Nada que ocultar y todo por delante, pura felicidad y todo brillante. No había preocupaciones, ni apariencias que cuidar… todo al descubierto entre la lluvia y charcos por saltar.

En qué momento dejamos de mojarnos y experimentar la lluvia. No recuerdo el momento ni el lugar, pero hoy veo la lluvia y siento deseos de volver atrás. Mojarnos en la lluvia y brincar los charcos, correr en círculos con los brazos abiertos. Redescubrir un mundo que hemos olvidado. Reírnos a carcajadas mientras salpicabas al otro y ver la inocencia en su rostro ante la sorpresa. Todos estábamos mojados y no había diferencia, cuanta riqueza había mientras jugábamos bajo la lluvia en total amistad. Confraternizábamos en total camaradería, en libertad y sin juicios, teníamos todo y todo éramos nosotros.

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