Decirlo siempre es más fácil

Alguna vez has dado un consejo que al escucharlo en voz alta hasta te diste una palmadita en el pecho y dijiste para tus adentros… I am really Good! O haz llegado a conclusiones, cuando no has pasado por el proceso y sin embargo, como no lo has experimentado, aun no te has dicho… en que estaba pensando.

Me parece que todos hemos estado en ambos lados de la historia. Porque cuantas veces, nos han dado un consejo, que sabemos que la otra persona quien ya pasó por la experiencia nunca siguió. Pero, de repente, es el mejor consejo que ellos hubiesen hecho, si hubiesen tenido la experiencia que tenían ahora… what?

Ciertamente, siempre será mas fácil decirlo que hacerlo y esto aplica a demasiados aspectos de la vida. En especial a relaciones… Ahí estaba yo, tratando de mantenerme firme. Sabía que había sido la decisión correcta y sin embargo, se apareció de repente. Tenía esa presencia que desata todos los sentidos. Era una mezcla de sentimientos que me causo verle.

Era su olor irresistible y al verle, mis ojos brillaron de emoción. Ya saben, esa sensación que te causa el finalmente tener acceso a lo que llevas días meditando. Sabes que no es correcto y sin embargo, estas ahí… nunca se había visto tan hermoso. Debo admitir que tenía un brillo especial. Me dije a mi misma: “estas aquí, que puedo perder”. No, ¡debes ser fuerte! Fueron tantos años y porque ahora no me puedo resistir…. Serán las hormonas, como podía estar tan alegre y angustiada a la vez.

Sin embargo, no podía tirar por la borda todo. Es saber, que una vez me lance, no podré parar y ese pedazo me llamaba… así que poco a poco me acerqué y mis labios… era tal como me lo imaginaba. Era nuez, un poco de canela, suave, pero con consistencia…. Intenté separarlo para que durase, pero era demasiado bueno y me lancé, pero con cuidado… me acerqué y probé. Fue entonces que sucedió lo inevitable… perdí el control. Estaba allí, en un mundo que se había detenido y éramos solo dos. Fue allí, cuando me dí cuenta, que estaba batalla la había perdido… y perdimos los dos. Porque no me resistí y caí, ante el mejor bizcocho de zanahoria que había probado en mucho tiempo.

Como es posible que en esta relación alimentaría me traicionen los impulsos… y haya tirado a la basura el sacrificio hecho en el desayuno y el almuerzo. No duré el primer día y debo admitir que al principio sentí culpa, sin embargo, estoy satisfecha. Porque esta vez la rompí por algo que valió la pena. Triste hubiese sido haber sucumbido ante un postre desabrido. Porque entonces sí, que hubiese sido terrible.

Tenía una amiga que decía, mantenerse lejos de un ex es fácil, pero de un bizcocho molten, es complicado. Porque del ex, siempre los recuerdos te dejan un mal sabor, pero el molten… puros buenos recuerdos. Y es que si me pongo a pensar en los momentos más felices de mi vida, todos los hemos celebrado con comida.

Graduaciones, aniversarios, cumpleaños, bodas y hasta, los momentos tristes, porque el mejor chocolate con queso de bola que me tome en mi niñez, fue en una funeraria. Ya saben, esas funerarias de pueblo pequeño que sirven chocolate caliente y sopa a la medianoche. En esas funerarias, que eran puntos de encuentro para recordar momentos del pasado con la familia que hace años no veías. En medio de las risas que nos distraían del dolor que nos había llevado hasta allí. Quizá no era el bizcocho, era algún momento celebrado y esa nostalgia del pasado.

Es como los sándwiches de jamón y queso dorados en una sartén con mantequilla, la cremita de maicena con un rallado de limón, jengibre y un poco de canela o el té de jengibre en medio de un refriado…  Es el recuerdo de los momentos compartidos con la persona con quien compartí esas comidas. Es que mi relación con la comida es un vínculo al pasado y mientras más lo pienso, más entiendo, que las personas más importantes de mi vida puedo acercarlas con una experiencia culinaria.

Entonces, quizá hoy mi abuelita no está cerca. Pero, esas memorias que construí a su lado crearon unos puentes de acceso por la eternidad. Y es entonces, cuando me siento, a saborear lo que para otros es un simple sándwich, pero que para mí lo es todo.

Es en ese momento, sólo en ese momento, que comprendes… que no fue una debilidad lo que te hizo sucumbir, fue la nostalgia y es que a veces, se vale hacer un alto. No seas tan fuerte contigo ni con el otro… lo que aparenta ser debilidad, no es más, que una pausa y al final, nunca sabrás, cuando en el futuro, eso que te hizo romper la dieta, se tornara en una memoria memorable.

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