En el desierto…

El día me sorprendió en una oscura realidad… aquello que pensaba era, ya no sería más.  Todo lo que pensaba tenía figurado se convirtió en un espejismo en medio de una tormenta de arena que cegaba mi entendimiento. ¿Les ha pasado?

Ese momento, en el que sus circunstancias cambian y sus planes se desmoronan. El momento preciso que te sientes vulnerable y sin salida. Cuando le sonríes confiado al mundo, pero en tu interior sientes la profunda agonía del no saber. Si, ese momento en el que te das cuenta que no tienes control de nada y todo lo que pensabas que tenías, era solo eso, un pensamiento.

Hoy, te ves en medio del desierto con sed…. La sed que no es otra cosa que las necesidades básicas. Un desierto que es un proceso para el cual no pensaste que tendrías que pasar. Porque a ti, si estabas haciendo las cosas bien.

Y hoy, quiero hablarte a ti, a quien mis palabras no le harán sentido, porque el desierto nos aturde y entumece nuestros sentidos. Hoy quiero hablarte a ti, aunque no me escuches y bloquees a conciencia mis palabras. Hoy quiero decirte, aunque te enojen mis palabras porque no estoy en tus zapatos: “El desierto es temporal. El desierto es un proceso y tiene fin. El proceso te prepara para mas y mejor. El proceso prueba tu fe y tu paciencia para esperar en conocimiento que algo mejor vendrá”.

Hoy no lo ves y, sin embargo, en vez de un porque dale cabida a los para que. ¿Para que o para quien estoy viviendo este proceso? ¿Qué obtendré al final? Porque lo que hagas en el desierto definirá quien serás al final y quizás al final, tendrás una mejor versión de ti y serás bendición para otros.

Quisiera decirte que solo vivirás este desierto y, sin embargo, lo único cierto que he descubierto en mis múltiples desiertos es que han sido temporales. Las duraciones han variado y en ocasiones he transitado en desiertos similares… y en medio de las similitudes he descubierto resultados distintos pues no era la misma en medio de ellos. Algo cambiaba al final de cada uno de mis desiertos.

No fui mejor ni peor, fui distinta. Aprendí, a confiar en mis sentidos. Aprendí a ver lo invisible, a escuchar los silencios, a saborear la experiencia, respirar Su presencia y tocar lo que conquistaba aun sin tenerlo. Aprendí que, en el desierto, no es con nuestras fuerzas. Aprendí, a callar mi mente y a vivir en Su presencia que me llenaba de paz.

En el desierto descubrí que no estaba sola y que siempre habrá bendiciones. El proceso te sorprenderá con personas inesperadas y te enseñará a discernir. En el desierto me descubrí y aprendí que no era yo sino eras Tú en mí.

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