Amar desde el mirar del otro

En esas conversaciones que tengo conmigo descubrí que el amor es conciliar las realidades. Que mi óptica está marcada de experiencias de una historia distinta, realidades de ayer y explicaciones de hoy.

Que cuando se trata de otros, mi interpretación del amor requiere sanar las brechas entre lo que ocurrió y se percibió. Que en todas las relaciones puede encontrarse amor, lo importante es saber, si es el tipo de amor que estamos dispuestos a aceptar y es saludable para nosotros.

Sanar las brechas requiere entender las épocas, las realidades, explorar sensaciones, observar patrones y explorar la historia emocional. Porque cuando miramos el mundo por lo conocido, excluimos, la verdad de un mirar desde lo desconocido. El amor cuando se interpreta desde el otro requiere entender que cuando algo no encaja, no es porque no existe, sino, porque es distinto.

Hoy me encuentro pensando en esas historias que no encajan en los 5 lenguajes del amor. Pero, que tienen tantas emociones, tantos momentos y tantas vivencias, que son imposibles catalogarlas por lo conocido. Así que me hice la tarea de pensarlos, porque es demasiada hermosa su historia para no contarla desde el amor. Y hoy le regalo a una hija a la que amo inmensamente, la historia de como su padre las amo desde un lenguaje distinto.

No falto amor, hubo un amor distinto. Un amor responsable que diariamente les decía: “estoy aquí, cuentan conmigo”. Cuentan conmigo para trabajar sin descanso incluso en los inviernos más áridos porque siempre les proveeré sus necesidades y mantendré su estabilidad. Nunca las abandonaré porque son mi familia y regresaré a ustedes cada día porque ustedes son mi hogar. Cubrió sus necesidades básicas y siempre hubo alimento, techo y una oportunidad para superarse. Porque en su mente se decia: ” les daré lo que no tuve y siempre necesité”.

Tendrán mi amor protector que era su acto de servicio. Porque nada les faltó. Porque les daré un hogar seguro libre de contiendas externas. Su fidelidad les regaló un hogar seguro.

Quizá no las abrazó, pero no las hirió. No les dijo te amo, pero se quedó. Estuvo presente, cumplió son sus obligaciones, no les fallo y las respeto.

Fue un amor sacrificado, que en más de una ocasión renunció a sus deseos para el bien familiar. Quizá hubo algo que siempre anheló y nunca compró para poder calzar sus pies. O trabajó horas extras para poder cumplir con el pago del hogar o comprar las telas de aquel vestido que te hicieron para comulgar. Silenció las situaciones diarias y el discrimen vivido en el trabajo para no preocuparlas. Así también las amó.

Fue un amor constante, siempre ahí, siempre igual, siempre disponible. Un amor que les dejó un legado intelectual. Un ávido lector que les fomentó la lectura y la educación. Les enseñó a pensar, a imaginar a abrir mundos. Y este es un amor que transciende generaciones. Un amor que dice: “yo no pude, pero ustedes sí”. Mi diploma serán los suyos, yo leeré para alcanzarlas. Quiero que tengan un futuro mejor que el mío.

Un amor respetuoso. Nunca uso palabras soeces. Un amor comedido al observar su mundo. Cuidaba el ambiente emocional sin decirlo. Quiero que este hogar sea uno de paz.

Un amor silencioso y profundo. Compartía anécdotas de otros tiempos. Era su forma de decirles. No se rindan, lo pueden lograr. Quiero que me conozcan y conozcan lo que fue mi mundo.

Cerraba sus ojos cuando difería diciendo prefiero no herir.  

A veces, el amor requiere nombrar lo que si fue. Entender que se ama desde lo que se conoce y traducir lo que si fue a nuestra realidad. Porque él las amo con hechos, con presencia, con respeto y silencio. Y ese lenguaje, es tan valido como cualquier otro tipo de amor.

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