El día después

Dicen que después de la tormenta viene la calma… y, sin embargo, aquellos que hemos experimentado los vientos huracanados, sabemos que la calma también representa el silencio de su ojo. Un momento que permite prepararte para lo que se avecina. Un instante para respirar sabiendo que lo próximo será fuerte, pero también pasará.

Desde el instante de paz que ofrece el ojo, los pensamientos se llenan de incertidumbre. Y mientras recitamos Juan 16:33: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Imágenes de momentos pasados durante la tormenta se muestran con claridad.

Poco a poco se revelan las realidades. Porque “el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” Lucas 6:45 Hoy recuerdo a un hombre sabio y humilde que dijo… “mi vino es amargo, pero es mi vino”.

Hoy bendigo las palabras que salieron de tu boca porque me dieron claridad de pensamiento y me preparan para la tormenta que se avecina. Porque toda obra para bien y como Job seré reconfortado. Hoy se levanta un nuevo ser, con visión y esperanza transformada. Soy un hijo que fui reconocido por el Padre Celestial que es mi cobijo.

Hoy mi mente y mi espíritu están sanando viendo ante mí nuevos caminos. No es lo mismo creer que vivir en obediencia. No es lo mismo aparentar que ser. Porque “de un extremo del cielo sale el sol, y su órbita llega hasta el otro extremo; nada escapa a su calor”. Salmo 19:6 Y “porque por fe andamos, no por vista” 2 Corintios 5:7 aguardo Tu justicia Oh mi buen Señor. Pues sé que sólo Tu siempre me has guardado… mi defensor, mi libertador.

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